De la ingeniería al curado de carnes: encontrando mi camino de vuelta a la tradición

Crecí en una familia que elaboraba sus propios embutidos. Nuestra casa siempre estaba llena del rico e inconfundible aroma del salami, el prosciutto y las salchichas que se secaban colgadas. Recuerdo ver a mi abuelo trabajar con manos expertas, sazonando la carne a la perfección, sabiendo instintivamente cuándo todo estaba listo. Era más que solo comida, era una tradición, un arte transmitido de generación en generación.

A medida que fui creciendo, pensé que debía seguir un camino diferente. Estudié ingeniería, creyendo que me llevaría a una mejor carrera profesional y a un futuro más estable. Pasé años centrándome en los números, las máquinas y la eficiencia, pero algo faltaba. Por mucho éxito que tuviera en mi campo, nunca sentí la misma satisfacción que tenía de niño, rodeado del oficio de mi familia.

Un día, decidí volver. Volví al arte de curar carnes, aplicando la precisión que había aprendido en ingeniería, pero con el corazón y el alma de mis raíces italianas. La primera vez que volví a hacer salami, los aromas y sabores familiares me transportaron instantáneamente a mi infancia. Era como si mi abuelo estuviera allí a mi lado, guiando mis manos como solía hacer.

La carnicería y el curado tradicionales son más que simples habilidades: son un puente entre el pasado y el futuro, al igual que la ingeniería. Pero esta vez no estaba diseñando máquinas, sino preservando un legado. Y al hacerlo, redescubrí no solo los sabores de mi pasado, sino también mi verdadera pasión.

Anterior
Anterior

Arraigado en el sabor: de la tierra a la mesa

Siguiente
Siguiente

La cocina de la abuela: un tesoro que hay que atesorar