Arraigado en el sabor: de la tierra a la mesa
Pasé Pasé años trabajando en la agricultura, atraído por la idea de que el verdadero sabor comienza en la tierra. Ver crecer los cultivos, sentir la tierra en mis manos y comprender cómo la luz del sol, el agua y los nutrientes daban forma a cada fruta y verdura, todo ello me hizo ver los alimentos de otra manera. Me di cuenta de que la calidad de un ingrediente no comienza en la cocina, sino en la tierra.
Esa comprensión me llevó a explorar proyectos «de la granja a la mesa», trabajando directamente con chefs que valoraban los productos frescos y cultivados localmente. Ver cómo un tomate perfectamente maduro o una hierba recién cosechada podían transformar un plato reforzó mi convicción de que la buena cocina comienza mucho antes de que los ingredientes lleguen al plato.
Al mismo tiempo, me fascinó la hidroponía: cultivar alimentos sin tierra, utilizando la precisión para controlar cada nutriente. Era un contraste moderno con la agricultura tradicional, pero en esencia, transmitía la misma verdad: lo que ocurre a nivel de las raíces define el sabor. Ya sea en un suelo rico y fértil o en un sistema de agua cuidadosamente equilibrado, las plantas absorben su entorno, y eso se traduce directamente en el sabor.
La agricultura me enseñó que la comida no es solo un medio de subsistencia, sino también una forma de conexión. La forma en que tratamos la tierra, los métodos que utilizamos y el cuidado que ponemos en el cultivo se reflejan en cada bocado. Y cuando entiendes eso, no solo comes de forma diferente, sino que aprecias cada sabor de una manera totalmente nueva.

