Paella y fuego: una mañana lluviosa que se tornó dorada en Sóller
Paella en una boda lluviosa en octubre en Sóller: vista de la mesa preparada para los invitados 📸: @aigua.marina
Octubre en Mallorca huele a tierra húmeda, hojas de limón y aceitunas.
Esa mañana, una suave lluvia caía sobre la finca de Sóller. Yo estaba allí como chef privado para una pequeña boda. Los invitados se sentaron bajo una larga mesa cubierta mientras la ceremonia se celebraba fuera, tranquila e íntima.
Justo después de los votos, las nubes se disiparon. Una luz dorada inundó el jardín. El aire olía a lluvia y cítricos. Los novios sonrieron. Los invitados se recostaron. El día cambió silenciosamente.
Desde mi rincón de la cocina, preparé las paellas. El fuego crepitaba bajo las sartenes. El aceite de oliva brillaba. El sofrito burbujeaba con cebolla, ajo y tomate, aderezado con pimentón ahumado. El caldo de azafrán impregnaba una sartén, mientras que la otra recibía un rico caldo vegetariano de setas shiitake, lentamente cocinado con cebolla y ajo casi caramelizados.
Paella cocinándose al fuego: la pequeña paella vegetariana con el chef preparando los ingredientes al fondo 📸: @aigua.marina
En la paella de marisco, las gambas rojas y la tierna sepia brillaban mientras se cocinaban. Los pimientos asados añadían dulzor con un toque ahumado. El alioli se preparó con lima y pimentón de la Vera dulce, un pimiento dulce y aromático de la región de La Vera, apreciado por su delicado sabor y sutil ahumado, esencial en la elaboración del pimentón dulce ahumado español, listo para servir junto con el arroz dorado.
Paella de marisco con gambas rojas, sepia, pimientos asados y alioli, lista para servir 📸: @marcoburel
Para la paella vegetariana, se asaron alcachofas al fuego, lo que le aportó profundidad y calidez. El alioli se elaboró con ajo negro, cuyo sabor suave y dulce combinaba a la perfección con el caldo de setas, rico en umami. Cada ingrediente absorbió el fuego, la paciencia y el ritmo de la cocción.
Incluso bajo la cubierta, los aromas llegaban hasta los invitados. Se inclinaron hacia delante mientras el arroz absorbía el caldo, cada grano hinchándose de sabor. La lluvia había limpiado el aire. Cada aroma se percibía con mayor intensidad: el mar en el marisco, la tierra en las verduras, el humo de los pimientos asados y las alcachofas carbonizadas, y los cítricos de los árboles circundantes.
Ensalada mallorquina de tomate de temporada con burrata, albahaca y polvo de aceitunas negras: fresca y vibrante 📸: @aigua.marina
Cuando se formó el socarrat, esa capa caramelizada perfecta en el fondo, supe que estaba lista. Las paellas llegaron a la mesa. Todos se inclinaron hacia adelante. Doradas, fragantes, generosas. El simple placer de compartir la comida unió a todos.
La paella tiene ese poder. Convierte los ingredientes cuidadosamente seleccionados, el fuego y la paciencia en conexión. No se trata de un espectáculo. Se trata de presencia, sabor y recuerdo. Incluso después de una mañana lluviosa, incluso bajo una mesa cubierta, transforma lo ordinario en algo inolvidable.

